Con la entrada al centro de las primeras mujeres y niños, el Hogar San Carlos comienza por fin a ser una realidad, una alternativa para aquellas mujeres en riesgo de exclusión que se encuentren solas al cargo de sus hijos, carezcan de redes sociales y familiares, y tampoco dispongan de posibilidades de acceso a una vivienda.

Situado en el centro de la capital, el Hogar San Carlos, que cuenta con un equipo humano formado por una trabajadora social, cuatro religiosas y tres voluntarias, tiene capacidad para acoger a cuatro mujeres y diez niños. Las mujeres deben tener edades comprendidas entre los 19 y los 35 años, mientras los niños no pueden ser mayores de 12, para que sea posible el trabajo promocional que se realiza con las madres.

Para Cáritas la puesta en marcha de este centro es un pequeño gesto más de apoyo a las mujeres, quienes representan más del 70% de las personas demandantes de ayuda desde hace muchos años. «La casa abre una nueva ventana al futuro para todas aquellas mujeres que, a pesar de su situación de exclusión, tienen el deseo de alcanzar nuevas salidas y programar retos que hasta este momento eran impensables debido a su realidad», explica María Rosa Gutiérrez, responsable del área de acción social de Cáritas Diocesana.

La vida en el Hogar

Desde hace unas semanas, cuatro niños y sus madres llenan ya de alegría y vida la casa que, con minucioso cuidado, atienden las religiosas Filipenses, una congregación con una larga trayectoria de entrega a los más necesitados. Madre Leonor, su directora, cuenta cómo están viviendo esta nueva experiencia. «Para la Comunidad es una gran satisfacción volver a acoger en nuestra casa a estas mujeres, siendo fieles a nuestro carisma fundacional y responder a las necesidades de las mujeres más vulnerables. Es una gran alegría colaborar con Cáritas Diocesana en esta tarea especial. Nuestro espíritu filipense se caracteriza por compartir la vida con las mujeres acogidas y con sus hijos, creando entre todas, un entorno en el que seamos una familia y se sientan seguras, respetadas y, sobre todo, queridas, tal y como son y están. Deseamos que su estancia en el Hogar sea el medio para acrecentar su desarrollo personal y social, con el fin de favorecer su responsabilidad y autonomía».

Pilar Delgado, trabajadora social de Cáritas Diocesana, se encarga de atender las demandas que han ido surgiendo por iniciativa propia de las mujeres o a propuesta de las Cáritas Parroquiales de nuestra diócesis. Para Pilar es muy importante que las mujeres conozcan bien las características y requisitos del centro antes de dar el paso de entrar, ya que el objetivo es lograr la inserción sociolaboral de las acogidas y para lograrlo es fundamental que sean ellas quienes se lo propongan. «Para nosotros es primordial que estén dispuestas a formar parte de un plan de trabajo que les ayude a mejorar su formación y habilidades. Procuramos orientarlas para que realicen cursos o talleres que se adapten a sus capacidades, al mismo tiempo que acompañamos su proceso de búsqueda de empleo, pero siempre tratando de potenciar su autonomía y responsabilidad». Respecto al tiempo de estancia en la casa considera que «lo habitual será de entre seis meses y un año, aunque este tiempo puede prorrogarse si se considera oportuno».

Con la única compañía de su bebé de dos meses, Asmara llegó a la casa a finales de enero. Desde entonces, alterna los cuidados de su hijo con la preparación de los exámenes para obtener el certificado de ESO. A escasos días de la prueba ya piensa en su próximo objetivo. «En cuanto consiga el título, quiero comenzar el curso de Limpieza de superficies y mobiliario en edificios que se imparte en el centro formativo de Cáritas “Sagrada Familia”. Sé que es difícil porque mi hijo aún es muy pequeño, pero en la casa me ayudan mucho y me siento muy respaldada», asegura. Cuando pueda, quiere seguir estudiando para cumplir su sueño, que es trabajar en la hostelería.

Con 9, 10 y 12 años, los hijos de Enma, alegran la casa con sus risas y juegos. Su estudio y formación son parte esencial de la rutina de la casa. Para ello, cuentan con una sala en la que pueden estudiar y hacer sus deberes. Las voluntarias, que por las tardes ayudan a los menores en su formación, también realizan con ellos actividades de ocio y tiempo libre. Enma se muestra muy ilusionada por encontrar pronto un empleo. «Creo que he encajado bien con la dinámica del proyecto y aquí estamos muy a gusto tanto mis hijos como yo. Me he apuntado en diferentes bolsas de trabajo y estoy a la espera de poder comenzar alguno de los cursos que me han interesado. Además de trabajar, me gustaría crear un espacio en internet para compartir mis tutoriales sobre diseño», cuenta esta mamá.

Un nuevo centro para nuestra diócesis

La respuesta de nuestra Iglesia Diocesana a las distintas realidades de pobreza y exclusión se enriquece con cada uno de los gestos significativos de ayuda y cercanía a toda realidad sufriente. El Hogar San Carlos, bendecido e inaugurado por el Sr. Obispo, Jesús Catalá, en la tarde del 15 de marzo, se une ahora a todos ellos. Para más información, quienes estén interesadas, pueden ponerse en contacto con el Hogar San Carlos a través del teléfono 952 61 48 28.
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