En 2019 Cáritas Diocesana de Málaga, en colaboración con el programa Caixa Proinfancia, benefició a 2.370 niños con distintas ayudas: becas para refuerzo educativo, apoyo psicológico, alimentación infantil, higiene, ropa, material escolar, etc. Las 1.787 familias a las que pertenecían estos menores han sido acompañadas durante todo el curso por un equipo compuesto por cuatro profesionales. También es importante destacar que desde el programa de acogida y acompañamiento, implantado en las Cáritas Parroquiales y los Servicios Generales, se ha acompañado a otras 8.273 unidades familiares.

A través de los programas específicos de Infancia, Juventud y Familia, según datos de nuestra última memoria, Cáritas acompaña anualmente a 25.644 niños en toda España. La situación de emergencia sanitaria y social generada por la Covid-19 ha confirmado la apuesta que ya teníamos desde Cáritas de no dejar atrás a ningún niño, que todos puedan ejercer su derecho a un ocio saludable este verano y que, entendemos que, aunque va a ser un verano atípico, apostamos por una infancia que disfrute de su ocio y tiempo libre de manera saludable, a ser posible con sus iguales y, en la naturaleza.

Dificultades de acceso a necesidades básicas (Reflexión y análisis)

Los efectos sociales causados por la crisis del coronavirus y las condiciones de confinamiento decretadas dentro el estado de alarma, han multiplicado las dificultades de acceso a derechos básicos de las personas en situación más vulnerable. En el caso de la infancia, que ha sido la menos visibilizada y vulnerable en ésta crisis, a la que menos se le ha preguntado, se le ha sumado la ausencia de poder jugar, de poder tener un ocio saludable, de poder reconocer en ese ocio a sus iguales, la importancia que supone relacionarse con otros niños.

Por medio del juego, los niños empiezan a comprender cómo funcionan las cosas, lo que puede o no hacerse, descubren que existen reglas que hay que respetar, y que deben aceptarse si quieres que los demás jueguen contigo. «Los juegos de la infancia deberían considerarse como sus actos más serios», decía Montaigne.

Jugar fomenta el desarrollo físico e intelectual del niño, promueve su creatividad y les prepara para vivir en sociedad. Por todo esto y por mucho más, todos los niños deberían jugar, esparcirse y tener un ocio y tiempo libre saludables que incluya también el derecho al aburrimiento. Porque el aburrimiento fomenta la creatividad y nos enseña a combatir las frustraciones que tantas inseguridades nos genera siendo adultos.

Potenciando, en la medida de lo posible, las relaciones entre familias, no sólo reforzando las relaciones intrafamiliares sino también interfamiliares, de forma que puedan ampliar sus habilidades sociales, a la par que comunitarias y, disfrutar de un tiempo en familia y entre familias, ampliando su mirada y su red relacional que, en los momentos actuales hemos visto son vitales. Es fundamental apoyar a las familias en el aprendizaje de saber estar y disfrutar en familia.

Desde Cáritas apostamos también por un efectivo ejercicio del Derecho al Ocio y al Esparcimiento universal para todos los niños. Entendemos que los adultos de hoy son, en buena parte, lo que jugamos, o dejamos de jugar cuando éramos niños y niñas, y nos preocupa que la crisis del Covid haya ampliado la falta de oportunidades de un derecho tan fundamental como es el del juego en los niños más vulnerables y, las posibilidades de que los niños y niñas de hoy sean un poco menos felices, es decir, que los adultos de mañana sean menos felices con sus vidas y se sientan menos satisfechos y, por lo tanto, aumenten las posibilidades de estar en riesgo de pobreza en la medida que vulneramos los derechos de la infancia, incluyendo el derecho al juego, al ocio y esparcimiento saludable.
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