Tras 29 años de servicio y generosa entrega como párroco de Almáchar, El Borge y Cútar, y sacerdote delegado de Cáritas del arciprestazgo Axarquía Interior, Alfredo Salazar Caubilla se despidió a finales de agosto en una eucaristía muy especial a la que acudieron miembros de los diferentes equipos de las Cáritas parroquiales de la zona. Días antes, los miembros de la Cáritas parroquial local, junto a la comisión permanente de Cáritas en el arciprestazgo, celebraron un encuentro en el que tuvieron ocasión de agradecer la labor y dedicación de Alfredo durante todos estos años.

En las parroquias en las que Alfredo ha desarrollado su ministerio ha sabido estar siempre cercano y atento a las necesidades de las personas mayores, de los enfermos, a quienes acompañaba, tanto en sus casas como en los hospitales, y de los más desfavorecidos. Isabel Téllez, técnico de Cáritas y acompañante del arciprestazgo, lo define como un «gran impulsor del equipo de Cáritas, que siempre ha participado de encuentros y reuniones, alentando el ejercicio de la caridad entre cuantos le rodeaban».

Trabajó de manera incansable por los más desfavorecidos

Salazar deja una honda huella en los corazones de todos los fieles de Almáchar, como explica María Pérez, tesorera de la Cáritas Parroquial San Mateo, ya que siempre ha alentado la creación de una comunidad vida y comprometida. «Por sus innumerables consejos, sus palabras de ánimo y su ejemplo de solidaridad constante, solo podemos tener hacia él palabras de agradecimiento. Le hemos visto trabajar de manera incansable por los más desfavorecidos, poniendo un gran cariño y dedicación en su labor. Ahora esperamos que pueda disfrutar de su retiro con paz y felicidad».

«Todos los que trabajamos en el arciprestazgo lo recordaremos siempre como un sacerdote que “pasó haciendo el bien”», afirma la consejera Eva Peláez. «Damos gracias a Dios por compartir con nosotros su inmensa alegría por servir a los más necesitados. Siempre nos animó a seguir comunicando y transmitiendo el amor de Dios a todos los hombres, redescubriendo lo que cada uno de nosotros podemos aportar. Nos deja un gran testimonio de entrega al mundo rural, tantas veces olvidado, su preocupación ante el empobrecimiento a consecuencia de la crisis, su sensibilidad por el cuidado y acompañamiento a las personas mayores y a los inmigrantes, y todo ello desde una mirada positiva y esperanzadora».
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