Sin considerarse un héroe ni nada que se le parezca, el director de la Cáritas Parroquial Virgen de Camino, Sergio Guardeño, lleva mes y medio atendiendo de manera incansable a las familias de su barrio junto a su párroco, Leopoldo Antolín. Los demás miembros del equipo no pueden estar en estos momentos en primera línea debido a su edad, pero se encargan de llamar a las familias para transmitirles esperanza, fe y cercanía. 

«Lo primero que hicimos, como así se estableció, fue elaborar un listado de peticiones de ayuda de las familias para ponerlas a disposición de los Servicios Sociales, pero ante la falta de respuesta y la gravedad de la situación de muchas de ellas, nos tuvimos que poner a citar a las familias, en horario de 18 a 19:30 horas, de manera organizada para que no coincidieran durante la espera e intentando tomar siempre las medidas de seguridad e higiene necesarias.

Los miembros del equipo de Cáritas de mayor edad, al no poder venir a la parroquia por tratarse de grupo de riesgo, se están encargando de llamar a las familias, ofrecerles su cercanía y comprensión, y de llevar una coordinación con las trabajadoras sociales, además de ayudar en todas las gestiones posibles.

Afortunadamente, en el Colegio Manuel de Falla también están ofreciendo alimentos a niños de familias que venían siendo atendidas por Cáritas, y nosotros, gracias a la gran recogida de alimentos que hacemos en Navidad entre los colegios y las catequesis, a donaciones de cofradías como la de Dos Hermanas y a la gran respuesta de la comunidad parroquial a la llamada a mantener la colecta del Jueves Santo, podemos aportar algunos de estos productos no perecederos para cubrir las necesidades más urgentes, además de las ayudas económicas para el pago de suministros y alimentación e higiene.

En las últimas semanas, hemos visto crecer de manera alarmante el número de familias que recurren a nuestra Cáritas en busca de ayuda y hoy en día atendemos entre 20 y 25 familias a la semana. Nos preocupa especialmente, por la dureza de la situación, la realidad de algunas familias de inmigrantes que dependían de los ingresos diarios para poder subsistir y que ahora, al no poder salir, se ven sin nada o no reciben ninguna ayuda por no estar empadronados.

Ha pasado solo mes y medio desde que empezó todo pero parece que hubiera pasado mucho más tiempo, a un ritmo frenético, por la mañana en el trabajo y por la tarde en la acogida, todo el día pendiente del teléfono, en días de diario o fines de semana. Ante tanta necesidad, estamos haciendo todo lo que podemos. No somos héroes ni nada de eso. Pensamos que como cristianos es nuestro deber servir a quien nos necesita. Somos la primera línea de ayuda porque las familias saben que Cáritas siempre está ahí, con ellas, con los más necesitados, siempre lo ha estado y lo seguirá estando cuanto todo esto pase».

#Testimonios #LaCaridadNoCierra

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