Con motivo de la celebración del Día de Ntra. Sra. de La Merced, el sacerdote Ángel Antonio Chacón, director del centro de Cáritas Diocesana de Málaga para la reinserción de reclusos y exreclusos, explica cómo ha afectado la pandemia en el funcionamiento de la casa y, sobre todo, en los procesos de inserción de sus acogidos.

«Un año más, gracias a Dios, volvemos a celebrar la festividad de Ntra. Sra. de la Merced, patrona de las prisiones y de las personas privadas de libertad. Desde la casa de acogida, en este segundo año de pandemia, tenemos la sensación de seguir estrenando una nueva etapa en nuestra labor de reinserción provocada por los cambios producidos a raíz de la crisis sanitaria. Cambios que nos han obligado a adaptarnos, e incluso diría que a reinventarnos.
La entrada en prisión de nuestros técnicos quedó suspendida desde el confinamiento y sólo, en algunos momentos ha podido entrar el director de la casa por ser sacerdote. Como consecuencia de ello se ha perdido gran parte de la presencialidad en diferentes actividades y casi por completo el contacto directo con las personas dentro de los centros penitenciarios. Ese contacto, esa vivencia de encuentro sanador es el que en gran medida posibilitaba un mayor conocimiento mutuo, así como la creación de lazos afectivos y de vínculo, que a la postre son los que facilitan la creación de nido, de actitudes y valores desde los que emprender el vuelo de nuevo de forma autónoma y responsable.

De igual forma constatamos que, durante ese tiempo en que la prisión ha estado más cerrada de lo normal, los internos han perdido gran parte de los contactos con el exterior. Se suspendieron tanto las visitas de familiares y amigos, como las salidas terapéuticas y los permisos, actividades fundamentales en sus procesos de reinserción. Las actividades en el interior de los centros penitenciarios también se han visto reducidas a la mínima expresión por no poder acceder al interior de los centros penitenciarios las entidades que desarrollan su trabajo allí. Todo esto ha endurecido la situación de las personas allí recluidas, aumentando la sensación de opresión, la presión psicológica, la tensión referencial y la preparación para asumir el consiguiente acceso a su libertad. Los condicionantes provocados por la pandemia han sido muy duros para muchos colectivos, también para los presos. El miedo a que entrara el maldito virus en un ambiente tan cerrado y masificado, ha obligado a tomar medidas tan duras, que ciertamente los ha protegido, pero que ha creado unas condiciones de vida aún más duras y dañinas.

En lo que llevamos de año, por la casa de acogida han pasado 26 personas, un número inferior al de años anteriores, ya que la situación antes mencionada ha ralentizado la progresión desde segundo grado (grado normal cuando se está en fase de cumplimiento), hasta alcanzar la semilibertad o libertad condicional. Ello ha hecho que vinieran ya con la condena muy cumplida y por tanto ha dificultado el poder vivir la adaptación progresiva a la libertad que permiten los permisos y el acceso escalonado a los distintos grados penitenciarios.

En el día a día y, con humor, la casa se ha visto afectada como cualquier otro hogar. El gasto en harina aumentó, la cocina estaba a pleno rendimiento, las tallas de ropa han aumentado y hemos intentado arroparnos unos a otros para hacer más llevadero el temor que todos hemos sufrido. Los procesos de quienes, habiendo accedido a la casa ya iban consiguiendo su libertad definitiva, se han visto dificultados por la situación general de la sociedad, pero no se han visto interrumpidos. Son muchos los que se han ido, con trabajo, con nuevas relaciones, con su capacidad de subsistencia intacta. Con aprietos, sí, es verdad, pero con esperanza y apoyos muy fuertes de parte de nuestra Institución.

Otro apartado significativo es el hecho de haber seguido atendiendo de forma constante a una veintena de antiguos residentes para los que hemos quedado como referente y para los que, en situaciones como las vividas, han recurrido a nosotros a veces para resolver cualquier problema relacionado con la informatización de todos los servicios administrativos que se les atragantaba, a veces para preocuparse por nosotros, a veces simplemente para oír una voz amiga que le dijera que todo iba a salir bien…

A nivel sanitario nos sentimos afortunados por haber pasado de puntillas, sin ningún contagio dentro del centro. Las vacunas y el menor nivel de contagios, han hecho que miremos el futuro con esperanza y con ilusión. Creemos que lo peor ya ha pasado. Somos conscientes de todos los rotos que ha producido la pandemia, de las pérdidas humanas y los sufrimientos o las pobrezas que ha provocado, pero también nos sentimos afortunados por haber sobrevivido, por no haber tenido que cerrar nuestras instalaciones, por haber trabajado con ahínco y el haber conseguido sobrevivir cuidando, protegiendo y ayudando a los que después de pasar por situaciones personales tan duras han accedido a la libertad en un tiempo tan incierto. Al final han salido adelante. Gracias damos en cada instante a Cáritas y a María Santísima, Nuestra Madre de La Merced por cubrirnos con su manto».


La casa de acogida Ntra. Sra. de La Merced cuenta con la colaboración de la Fundación Caja Granada y Bankia a través de la convocatoria “Ayudamos a los que ayudan” 2021”.
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