Ángel Antonio Chacón es el sacerdote que dirige la casa para reclusos y exreclusos Ntra. Sra. de la Merced. En estos tiempos difíciles, los que conviven en este centro de Cáritas Diocesana se sienten más unidos y fuertes que nunca. Con complicidad y cercanía, siguen manteniendo también el contacto con quienes ya un día dejaron la casa para tratar de rehacer sus vidas en libertad.

«¿Cómo estáis? ¿Estáis bien? ¿Cómo lo lleváis? ¿Necesitáis algo? Son las preguntas más frecuentes que nos hacen en estos días los amigos, colaboradores, antiguos residentes, e incluso las instituciones. Son legión la gente que se preocupa por nosotros. Son infinidad los buenos deseos, oraciones y aportaciones que recibimos desde todos lados, desde la preocupación sincera de quien se sabe hermano y en mitad de su propia historia se hace cargo de la nuestra.

El tiempo se nos va en responder que estamos bien, que seguimos sin contagios, que no nos falta de nada porque la buena gente y Cáritas nos respaldan, que todo va bien ¡siempre gracias a Dios! Estuvimos presos y encontramos la libertad, ahora volvemos a estar confinados pero no es igual. Ahora es sólo cuestión de salud y movilidad, con nubarrones sobre el futuro, y el trabajo y mil cosas más, pero realmente, esto no toca a nuestra dignidad. Seguimos vivos, libres, seguimos siendo personas y tratadas como tal. Esto de ahora no es un castigo aunque sea muy penosa la realidad. Ahora, personalmente nos sentimos bien, más unidos, más fuertes incluso que ayer. Esto es lo que vivimos de puertas hacia dentro, entre nosotros. Sabiendo que nos tenemos y eso mismo lo tenemos que cuidar. Sabiendo que de aquí también se sale. Sabiendo que lo mejor aún está por llegar.    

Y también se nos va el tiempo en hablar; hablar y reír con unos y con otros, con los nuestros, con los ajenos aunque cercanos; reír, reír mucho con las historias de estos “mis niños rotos” de antaño, ahora quizás ya sólo un poco gamberros, que más bien que mal hace tiempo volaron de esta bendita casa. Están esperriados por medio mundo. De donde son, de donde vinieron, de donde optaron volver o vivir. Hacía años que de algunos no sabíamos nada y sin embargo en este tiempo vuelven a aparecer; no como fantasmas en mitad de la noche, sino como presencias del alma que nunca se fueron del todo y ahora, al volver a ser nombradas, acuden para entonar su “gracias” particular.

¡Y cómo no! También se nos va el tiempo en preguntar ¿y tú, tú como estás? ¿Y tu gente? ¿Tus mayores cómo andan? Con un pellizco en el corazón, temiendo la respuesta, y con mucha atención preguntamos a los nuestros cómo sobreviven y si necesitan o podemos hacer algo. Sí. A muchos hay que preguntarles eso, porque aunque libres ya desde hace tiempo, ahora vueltos a confinar, son más vulnerables que otros. Los escuchamos con la cercanía del cariño y la complicidad de las vidas entramadas en los pasados momentos de dificultad. A veces no podemos hacer mucho, quizás informar de recursos y derivar; pero descubrimos que lo principal, el vinculo, el cariño, la preocupación sincera, el saber que nos tenemos a pesar de las distancias, el saber que estamos en sus vida al igual que ellos en las nuestras, es lo único que importa, lo que siempre queda y quedará.

Es este un tiempo difícil, con mucho dolor y sufrimiento que no queremos banalizar, sino sentir como propio y en lo posible aliviar. Es este un tiempo de contrastes donde también fluye lo mejor de los hombres, de sus anhelos, sacrificios o esfuerzos. Es este un tiempo donde Dios se emplea a fondo. Para sostener, para amar, para morir y resucitar. Es este el tiempo que nos ha tocado vivir; en el que debemos pisar fuerte y dejar lo mejor de nosotros mismos. ¿Hasta morir? ¡Hasta resucitar!»

#Testimonios #LaCaridadNoCierra

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