Artículo de Francisco J. Sánchez Heras, director de Cáritas Diocesana de Málaga, para la celebración de la Jornada Mundial de los Pobres, el 18 de noviembre de 2018.

El penúltimo domingo del tiempo ordinario, la Iglesia Universal celebra la Jornada Mundial de los Pobres. Tras la clausura del Jubileo de la Misericordia, el Papa Francisco escribe la carta apostólica Misericordia et misera anunciando la creación de esta Jornada para toda la Iglesia. Es una importante Jornada de reflexión, oración y acción de la Iglesia Católica para renovar cada año su compromiso por construir el Reino de Dios entre los hombres y manifestar su amor preferencial por los pobres. Esta segunda jornada se celebra bajo el lema «Este pobre gritó y el Señor lo escuchó». En palabras del propio Francisco, esta frase del salmo 34 nos permite también a nosotros hoy comprender quiénes son los verdaderos pobres a los que estamos llamados a volver nuestra mirada para escuchar su grito y reconocer sus necesidades. Se nos dice, ante todo, que el Señor escucha los pobres que claman a Él y que es bueno con aquellos que buscan refugio en Él con el corazón destrozado por la tristeza, la soledad y la exclusión (como leemos en el Mensaje del Papa Francisco para la jornada). Esta jornada mundial pretende sobre todo recordarnos que para los cristianos, testimoniar la fe que profesamos pasa por una opción por los pobres y descartados de nuestro mundo, por los últimos, por aquellos que la sociedad aparta en las cunetas, descarta, desecha, excluye,... Y esto, no como una moda o gusto, ni mucho menos como ideología, si no como la consecuencia natural de ser discípulos del Dios en quien creemos y de la naturaleza de la Iglesia a la que pertenecemos; porque existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres (EG 48).

En el mensaje para este año, el Papa llama la atención de varios aspectos, pero de entre todos ellos quisiera destacar dos. Uno, la advertencia que plantea recordando la necesidad conversión por nuestros reproches y fobias hacia los pobres: «Lo que lamentablemente sucede a menudo es que se escuchan las voces del reproche y las que invitan a callar y a sufrir. Son voces destempladas, con frecuencia determinadas por una fobia hacia los pobres, a los que se les considera no solo como personas indigentes, sino también como gente portadora de inseguridad, de inestabilidad, de desorden para las rutinas cotidianas y, por lo tanto, merecedores de rechazo y apartamiento» (en el punto 5 del documento). El Papa con estas palabras, pone el dedo en la llaga en una de las manifestaciones más comunes y preocupantes en nuestra “sociedad del descarte y la indiferencia”: la aporofobia (temor, rechazo, animadversión, desprecio,… hacia la pobreza y las personas pobres). Esta palabra, acuñada hace más de dos décadas por Adela Cortina, representa una de las actitudes actuales más contrarias al Evangelio en nuestra sociedad y el papa nos advierte de ello. Y dos, la llamada que el papa hace para aprovechar esta jornada mundial como un momento privilegiado de nueva evangelización: «Los pobres nos evangelizan, ayudándonos a descubrir cada día la belleza del Evangelio. No echemos en saco roto esta oportunidad de gracia» (en el punto 10).

La Jornada Mundial de los Pobres quiere ser un fuerte llamamiento para todos los cristianos, recordando que «Los pobres no son un problema, sino un recurso al cual acudir para acoger y vivir la esencia del Evangelio» (Mensaje de la I Jornada Mundial de los Pobres).
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