La falta de condiciones materiales adecuadas que presenta el Centro de Acogida "Nuestra Señora de la Esperanza" de Ciudad Real, gestionado por Cáritas de Ciudad Real, ha obligado a las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, congregación que hasta ahora ha colaborado en la atención de las personas acogidas en este centro, a marcharse.

Según la directora, Adela de Blas, el centro no reúne en absoluto los requisitos necesarios para la atención con dignidad de los más empobrecidos. De Blas afirma que han pasado cerca de dos años sin que los responsables políticos hayan dado ninguna respuesta efectiva a la solicitud, por parte de Cáritas, de construir un nuevo centro para la atención de las personas sin hogar. "Mientras, los empobrecidos, nuestra razón de ser, siguen soportando estas carencias en medio de una sociedad que avanza e invierte grandes recursos en otros muchos ámbitos", señala.

A la vista de las promesas reiteradamente incumplidas a lo largo de estos últimos años, las Hijas de la Caridad han comunicado de manera oficial a Cáritas su decisión de retirarse de este servicio en la mayor brevedad posible. "Lo hacemos con mucho dolor, pero juzgamos que esta postura puede contribuir a una solución más rápida, en la que los pobres se vean beneficiados, que es lo que pretendemos".

Una trayectoria de 15 años

Cáritas Interparroquial de Ciudad Real inició en 1992 la gestión de esta casa de acogida, de titularidad municipal para personas sin hogar, con el objetivo de dar una respuesta adecuada y urgente a las necesidades básicas y de alojamiento de estas personas. A lo largo de este tiempo, nueve hermanas, todas Hijas de la Caridad, han trabajado en colaboración con Cáritas en la buena marcha del centro.

Adela de Blas recuerda que la vocación y misión de las Hijas de la Caridad es la de entregarse a Dios en el servicio a Cristo en los pobres, "y los transeúntes son los verdaderamente pobres, con fuertes características de exclusión social, desestructuración personal y con los lazos familiares y sociales rotos". La directora de la casa de acogida añade que su trabajo al lado de los más empobrecidos le ha servido para crecer, para aprender de ellos grandes valores, para compartir a su lado mucho dolor y sufrimiento y ver lo duro y difícil que ha sido para ellos volver a encauzar su vida. "En medio de tanto dolor, he experimentado gozo y alegría, he sido muy feliz al verles como iban creciendo cada día, trasmitiendo lucha, coraje y paciencia, y, sobre todo, la esperanza y el deseo de vivir y recuperar su dignidad como personas".

Esta religiosa invita a la sociedad de Ciudad Real a que reflexione sobre la situación de exclusión social que sufren los transeúntes y "que de verdad hagan ese esfuerzo por comprenderles desde su realidad y sus circunstancias, también desde sus valores, capacidades y derechos". 

 

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