Sandra Ruiz Morales vivió en la casa de acogida del Puerto de la Torre durante cinco meses. Tiene 39 años y es madre de un niño de 5. Como buena parte de estas mujeres, ha llevado una vida muy complicada. Desde niña ha tenido que hacer uso de distintos servicios sociales, pero siempre ha sabido quedarse con lo positivo. Ha resurgido una y otra vez de situaciones difíciles. Actualmente trabaja en hostelería y estudia Trabajo Social.

¿Cómo conoces la casa de acogida?

De la noche a la mañana me vi en la calle porque no tenía cómo pagar un alquiler. Estaba muy angustiada porque tengo un hijo pequeño, que entonces tenía dos años. Entonces, una conocida me habló de Puerta Única, así que me fui para allá. Ellos nos proporcionaron un hostal durante una semana y desde allí vinieron a buscarnos en una furgoneta en la que nos llevaron hasta la casa. A mi hijo, primero le dije que nos había tocado una semana de vacaciones en un hotel y después que tenía una amiga con una casa en la que había muchos niños e íbamos a pasar la tarde. Cuando llegó la noche le pregunté si quería quedarse y me dijo que sí. Estaba encantado y se adaptó muy bien a la situación.

¿Cómo recuerdas ese momento en el llegas a la casa?
Por un lado, me resultó complicado adaptarme a la disciplina y a la convivencia con otras mujeres porque en ese momento tenía mucha ansiedad y las demás mujeres estaban en una situación muy parecida. Pero, por otro lado, me sentí muy acompañada, tanto por Belén como por las demás voluntarias, y con una gran tranquilidad porque me aliviaron del peso tan grande que tenía al pensar qué iba a ser de mí y de mi hijo.

¿Cuánto duró vuestra estancia?
Pues la verdad es que estuve poco tiempo. Llegamos en febrero de 2014 y en tan solo cinco meses encontré un empleo con el que poder pagar un alquiler. Belén me dio el empujoncito que necesitaba para dar este paso. Yo no estaba muy de acuerdo porque tenía miedo, pero ella me cogió de la mano y me dijo: “No tengas miedo. Mientras tú así lo quieras, yo nunca te soltaré de la mano”. Aquellas palabras me llenaron de fuerza y las recuerdo con gran emoción.

¿En qué momento te decidiste a estudiar una carrera?
En la casa siempre me animaban a estudiar y me decían que yo era capaz, pero yo no tenía la cabeza para eso. De tanto decírmelo, al final, me lo terminé creyendo. Estaba interesada en hacer un módulo pero no fue posible. Después de darle muchas vueltas, el día que terminaba el plazo para matricularse en Trabajo Social, me decidí. Me fui a la Universidad y así empezó todo. Enseguida llamé a Belén para contarle lo que había hecho. No me lo podía creer.

Trabajas, estudias y eres madre ¿Cómo te organizas?
La verdad es que no puedo dedicarle mucho tiempo al estudio. Cuando lo he hecho he llegado a sacar una matrícula de honor. Lo que sí procuro es estar muy atenta en clase. Me encanta sentarme la primera y participar. Estoy disfrutando mucho de esta etapa.

Estás ya en segundo y, además, estás sacando muy buenas notas. ¿Cómo imaginas tu futuro?
Ahora ya no tengo límites. Me encantaría desarrollar mi profesión y realizar proyectos que sean muy positivos para la vida de las personas. Yo ya no quiero penas.
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